Donde quieras, cuando puedas

Ahorra en tu viaje a la costa del Maule

Septiembre 23, 2015 Susana Lopez 0 Comments

Hace un año atrás mi pololo terminó conmigo. Esto provocó una explosión de locura y un sube y baja de emociones que me volvieron realmente loca. Saber que existía la posibilidad de encontrármelo en el metro, en algún parque o incluso en la micro, ponía mis nervios de punta y aumentaban mis ganas de escapar de Santiago.

Al fin llegó noviembre y se terminaba el año académico y a pesar de mi estado anímico, logré pasar todos los ramos con excelencia académica y eximirme de todos los exámenes que no eran obligatorios. Cuando terminé de dar la última prueba, me devolví al departamento, agarré el primer bolso que encontré y eché toda la ropa que hallé a mi paso. Tomé las llaves del departamento, lo miré por última vez en el año –no pensaba regresar hasta el otro año de universidad-, abrí la puerta de entrada, volví a mirar hacia atrás y cerré lentamente la puerta, como si el fin de mi pololeo estuviera marcado con mi regreso a Rancagua.

En Bilbao tomé la 501, hasta llegar al metro Parque Bustamante, bajé de la micro y me dirigí hacia el metro, ahí viajé en dirección a Baquedano e hice combinación con la línea 1 en dirección a San Pablo, hasta Estación Central. No se porque siempre he preferido el Metro Tren antes que los buses para viajar, aunque creo que el hecho de ir mirando la vegetación, la gente amontonada y los vendedores de diario y golosinas son elementos fundamentales de la “fauna” que se junta en el carro.

Al llegar a Rancagua comienzo mi faceta de desintoxicación post rompimiento. Llamo a todos mis amigos hasta que uno me ofrece hacer un viaje. Duao, iloca y Vichuquén serían nuestros destinos. Como aún era noviembre, él estaba dando exámenes así que yo me encargué de cotizar alojamiento, alimentación y las mejores rutas para ahorrar tiempo y dinero en peajes y bencina.

Por lo general cuando uno va de vacaciones -gente joven- se organiza a última hora y no suele cotizar el precio de las bencinas, el trayecto a seguir, ni la cantidad de peajes que hay en la ruta. Con suerte buscamos un lugar donde llegar y vamos al supermercado más próximo para abastecernos, sin tomar en cuenta que cada peso que gastamos puede ser exprimido al máximo si antes de gastarlo cotizáramos dónde y en qué se pretende invertir.

Marcelo, mi amigo, no le gusta viajar en transporte público, así que decidió que si salíamos había que ir en auto. La bencina y los peajes era lo más caro, así que debí ingeniármelas para abaratar los costos de alimentación y hospedaje. Como yo ya conocía Duao sabía más o menos donde estaban los sectores más baratos, donde se podía acampar y cuál sería el recorrido para llegar.

En primer lugar me encargué de comprar los alimentos necesarios para una semana. Las verduras las conseguí en la feria y la carne en el Líder. Para los alimentos no perecibles preferí ir a un supermercado mayorista –está casi lo mismo que en cualquier supermercado pero a mitad de precio-, el resto de las cosas como té, café, azúcar y endulzante las sacaríamos de nuestras respectivas casas. En total lo más caro fue la carne y los gas propano para la cocinilla y aún así no gastamos más de $6.000 cada uno.

Además para el primer día preparé comida en la casa, por lo que evitamos parar a mitad del camino y gastar en comida rápida, que por lo demás sale el triple y por cada encendido de motor o acelerada, se gasta más bencina que andando a una velocidad constante.

El trayecto lo realizamos por la carretera 5 Sur, pasando por Requínoa, Rengo, San Fernando, Chimbarongo y Teno hasta llegar a Curicó. Entramos a Curicó en el sector de Aguas Negras por la calle Arturo Alessandri, llegamos hasta el fondo y seguimos por Gral Freire hasta Balmaceda en dirección norte hacia la carretera J-60. Desde ahí llegamos a Rauco, Quilpoco, Tapiche, Tricao, Majadillas, La Huerta, Las higeras, Hidahue Chico, Licantén, El Guapi, Los Guachos, Rancura, La Pesca, Huapi de Iloca, Iloca y finalmente Duao.

Llenamos el estanque a la salida de Rancagua, no dentro de la misma ciudad porque sale más caro. Pusimos $20.000 para la bencina y llegamos sobraditos de cariño (hay que recordar que cada auto es diferente y dependiendo del modelo unos gastarán más que otros). Ya en Duao Lo que faltaba era llegar al camping, porque no existe forma de economizar más en un viaje que acampando.

Para llegar al camping pasamos la hostería Donde Gilberto y la Caleta de pescadores, subimos por una cuesta y llegamos al camping seleccionado. Era tan nuevo que aún no tenía nombre y los baños todavía estaban en construcción, sin embargo era lo más barato que encontramos ya que pagábamos $3.000 diarios por el terreno, podíamos estacionar el auto adentro y no necesitábamos cruzar la calle para llegar a la playa; además en la noche como éramos los únicos, compartíamos con el dueño del terreno, quien nos contó más de alguna historia sobre el lugar y la tradición de las Brujas de Vichuquén (muy próximo a Duao).

Ya instalados dejamos el auto estacionado y nos dedicamos a caminar, recorrimos todo Duao e Iloca Caminando, eso si hay que tener cuidado ya que el camino de Duao a Iloca no tiene vereda por lo que hay que estar atentos a los autos que transitan. Los negocios son bastante baratos y en los restaurantes por $3.000 puedes comer un plato de pescado frito c/agregado o caldillo más unas empanadas fritas de camarón y una bebida. Sólo hay que saber buscar.

Para legar a Vichuquén debimos rellenar el estanque (lo bueno del lugar es que está todo muy bien señalizado), y fuimos en busca de un nuevo camping. En esta localidad, descubrimos que ya no hay salidas al lago y sólo hay tres o cuatro campings sin vista ni paso para el lago. Si bien descubrimos que hay dos salidas públicas para tocar el agua, estas no miden más de 25 metros de largo y con suerte 10 de ancho. Lamentable.

Decepcionados decidimos concluir ahí nuestro viaje de 5 días y para la vuelta elegimos una nueva ruta, que iba por la carretera J-80 cerca de la Reserva Naconal Laguna Torca, pasando por La Bodega, luego cambiamos al camino J-786, hasta llegar a Rarin, de ahí tomamos la I-566-J hasta San Pedro de Alcántara, para llegar a la carretera I-72 que atraviesa Lolol, El Peral y Los Maitenes, hasta llegar a Santa Cruz a la calle Rafael Casanova hasta Avenida Errázuriz e intersectar con Juan Guillermo Day en dirección a San Fernando por la Ruta I-50; desde ahí, tomar nuevamente la ruta 5 Sur hasta llegar al desvío de Rancagua o bien seguir el trayecto hasta Santiago.

Definitivamente salir de vacaciones en auto representa un gasto considerable, por eso si tienes la oportunidad y los recursos para hacerlo, pero aún quieres ahorrar, puedes buscar la manera de economizar buscando las bencineras más baratas, llevando comida preparada, comprar en supermercados mayoristas, preferir acampar que ir a un hostal o residencial y sobre todo, una vez que llegues a tu destino CAMINA. Evita gastar bencina en paseos que pueden realizarse a pie, evita comprar recuerdos en cada esquina y disfruta del paisaje y de la naturaleza.

Y tú, ¿cuánto puedes ahorrar en un viaje por Chile?

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