La inflación en Estados Unidos cayó en junio al 3 por ciento anual, el nivel más bajo en dos años. Esta cifra representa un fuerte descenso respecto al 4% registrado en mayo y es ligeramente por debajo de lo esperado por los analistas. Esta señal alentadora en la lucha para frenar las presiones de los costos con un alza de tasas es una buena noticia para la economía estadounidense.
Tras dos años de precios dolorosamente altos, la inflación en Estados Unidos ha alcanzado su punto más bajo desde 2012. La Reserva Federal ha logrado frenar de forma constante el aumento de los precios en toda la economía mediante subidas de los tipos de interés. En los últimos 12 meses, el precio de la gasolina ha bajado, el de los alimentos ha subido más lentamente y el de los coches usados se ha abaratado.
Sin embargo, la inflación subyacente sigue siendo persistentemente alta y una preocupación persistente para la Reserva Federal, que es casi seguro que aumentará su tipo de interés clave de nuevo cuando se reúna en dos semanas. Desde marzo de 2022, la Reserva Federal ha subido su tipo de interés de referencia en 5 puntos porcentuales, el mayor ritmo de subidas en cuatro décadas.
Algunos economistas han sugerido que si la inflación sigue desacelerándose y la economía muestra suficientes signos de enfriamiento, la subida de julio podría ser la última de la Fed. Los precios de los coches usados, por ejemplo, han bajado. Los fabricantes de automóviles están produciendo por fin más coches, ya que la escasez de oferta ha disminuido. Los precios de los coches nuevos también han empezado a bajar.
Una desaceleración sostenida de la inflación podría suponer un alivio significativo para los hogares estadounidenses, que se han visto afectados por la aceleración de los precios que comenzó hace dos años.







